El Museo de las Culturas de Oaxaca (antes Museo Regional de Oaxaca) está ubicado en el ex Convento de Santo Domingo de Guzmán: uno de los monumentos históricos más relevantes del país por su arquitectura e historia.

Sus salas de exhibición ofrecen un panorama arqueológico, histórico y etnográfico de las culturas oaxaqueñas.

En las arqueológicas se muestran colecciones de objetos encontrados en las diversas exploraciones realizadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Las salas de historia y etnografía presentan aspectos políticos, religiosos y militares de las diversas culturas presentes en Oaxaca, en ellas advertimos la resistencia de los pueblos indígenas ante la Conquista , su identidad, la voluntad por reactivar su economía, recuperar su dinámica demográfica, incorporar nuevas pautas culturales y seguir organizados con base en sus tradiciones y sabiduría. El museo forma parte de un conjunto cultural que incluye el Templo de Santo Domingo (abierto al culto) y el Jardín Histórico Etnobotánico, así como la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa y la Hemeroteca Pública de Oaxaca "Néstor Sánchez".

El majestuoso ex Convento de Santo Domingo reúne belleza y magnitud, incluso es más grande y fastuoso que la Catedral de Oaxaca, también obra dominica. A su grandeza se suma la extraordinaria belleza de sus retablos y decoraciones. La portada de su templo es un gran retablo en piedra, enmarcada por dos altas torres inusuales en Oaxaca precisamente por su altura, pues en esta zona sísmica solían construirse más bajas. La magnificencia del templo puede admirarse en el coro, en la base principal, en sus capillas y en el altar mayor.

El claustro presenta rasgos renacentistas; destacan las arcadas de medio punto que sostienen bóvedas de elegantes nervaduras en los corredores y las pilastras con pinturas religiosas. La parte baja comunica con la alta mediante una escalera monumental de traza semejante a la de El Escorial en Madrid. Son notables también la cúpula de la escalera, la cocina y la alacena (hoy restaurante), la capilla de la tercera orden (actualmente biblioteca), la sala capitular (librería), el antecoro (al término de las Sala IX, desde donde se puede ver el coro del templo), el oratorio del noviciado (Sala IV) y el portal de peregrinos (entrada al museo), donde se ven pinturas de san Pedro y san Pablo y elementos iconográficos de la orden, como el Sol y La Luna.

Descripción museográfica Salas de exposición permanente

Sala 1 Culturas milenarias ( 10 000 a . C. a 200 d. C.)

Hace unos 10 mil años se encontraban en territorio oaxaqueño los primeros grupos nómadas de cazadores recolectores que vivían en cuevas.

Las piezas más antiguas encontradas hasta hoy en el Valle de Oaxaca son punta de flecha que testimonian su presencia. Los primeros residentes probablemente hablaban la misma lengua, o tal vez dos o tres de las familias mixezoque (en el Istmo) y otomangue (en el resto del territorio). Siglos después, a raíz de su sedentarización, empezaron a diferenciarse algunas lenguas, como el zapoteco del chatino y del papabuco, hoy desaparecido.

Como fruto de la observación acumulada durante muchas generaciones, de la casualidad y de la experimentación lograron descubrir la agricultura y domesticar plantas como el maíz, que con el tiempo se convirtió en la base de su alimentación junto con el frijol, la calabaza y el chile. Las tareas agrícolas indujeron a que el hombre se civilizara hacia el 1500 antes de Cristo; el perfeccionamiento en las técnicas de cultivo favoreció el crecimiento poblacional y posibilitó que algunas personas de la comunidad se dedicaran a otras actividades, como la alfarería, el comercio, la religión, la administración, etcétera. Se estima que hubo unas 80 aldeas en el Valle de Oaxaca y que las habilitaban unas 2 mil personas. El período Preclásico es denominado formativo porque en él empezaron a desarrollarse las características de la organización social del período siguiente, el Clásico.

Sala ll Tiempos de florecer ( 200 a 900 d. C.)

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El período Clásico en Oaxaca abarca desde la consolidación del estado zapoteca hasta el abandono de Monte Albán; esta ciudad llegó a ser la más importante del Valle de Oaxaca y funcionaba como centro político del que dependían otras ciudades de menor importancia. Durante estos siglos la estratificación social fue muy marcada e influyó en el surgimiento del estado; las élites gobernantes habitaban suntuosas residencias en sitios como la Plaza de Monte Albán y desarrollaron conocimientos altamente avanzados, como la astronomía, el calendario, la escritura jeroglífica, la arquitectura monumental y la orfebrería. Los campesinos habitaban chozas modestas, desarrollaron la cultura oral comunitaria que habían heredado, cultivaron la tierra y construyeron grandes edificios. Ambas clases compartían sus formas de entender el mundo y de relacionarse con las fuerzas sobrenaturales.

Sala lll. Los tesoros de la Tumba 7

La célebre Tumba 7 de Monte Albán, descubierta por el doctor Alfonso Caso el 9 de enero de 1932, la construyeron los zapotecos durante el período clásico y los mixtecos la reutilizaron en el posclásico para enterrar a un noble con sus impresionantes tesoros. Destacan las obras de joyería en oro y en otros materiales preciosos como plata, cobre, jade, cristal de roca, turquesa, obsidiana, perlas y coral. Además tiene bellos objetos de barro y hueso esculpido.

COSTUMBRES FUNERARIAS DE LOS ZAPOTECOS

Las prácticas funerarias no sólo reflejan concepciones determinadas sobre la muerte, sino que son producto de la concepción global que las sociedades tienen sobre la vida y a fin de cuentas sobre el mundo. Aunque las maneras de enterrar a los muertos en Mesoamérica muestran ciertas pautas generales, también es cierto que existen variables de acuerdo con la época y la región. Si bien estas variaciones se relacionan con las concepciones específicas del grupo en cuestión, también es cierto que aun entre los miembros de una misma cultura es posible encontrar diferencias –principalmente en lo referente al lugar en que se deposita el cadáver y la cantidad y clase de objetos depositados en la ofrenda–, que reflejan la existencia de diversos grupos sociales y su acceso diferenciado a los recursos.

Al igual que para otros pueblos mesoamericanos, la muerte era un aspecto fundamental en la cosmovisión de los zapotecos. Es por ello que las tumbas son uno de los rasgos más distintivos de esta cultura; en ellas y en su contenido se expresan con claridad su idea de la religión y la fuerte diferencia que existía entre las clases de la sociedad zapoteca. Mientras más importante fuera o más recursos poseyera el personaje enterrado, más elaborado era el sepulcro y más rica la ofrenda depositada para acompañarlo en su último viaje.
Las tumbas de Monte Albán se encuentran entre los mejores ejemplos no sólo de la región zapoteca, sino del área mesoamericana en su conjunto. En ellas, cuyo número conocido es superior a cien, se observa claramente la diversidad cultural de los habitantes de esta ciudad a lo largo del tiempo.

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Enrique Vela, “Culturas prehispánicas de México”, Arqueología Mexicana, edición especial 34.
IMAGEN: Recreación de la Tumba 104 de Monte Albán. MNA. Foto: Marco Antonio Pacheco/ Raíces.

 

Sala lV. Los señoríos ( 900 a 1521)

Tras el abandono de las grandes ciudades de Mesoamérica, entre ellas Monte Albán, empieza el llamado período posclásico, caracterizado por la reorganización del territorio y de los sistemas de control político, predominando el mando de los guerreros.

En esta época adquirieron importancia los señoríos de Yagul, Mitla, Lambityeco y Zaachila en el Valle y se dio un gran movimiento poblacional. Los mixtecos se expandieron y consolidaron reinos, sobresaliendo el de Tututepec. A la Costa llegaron tres grupos: los huaves, los chontales y los pochutecos, y a la Cañada arribaron los náhuas. Con la caída de Monte Albán terminó la escritura zapoteca monumental y apareció la mixteca, sobre todo en códices. Por medio de alianzas matrimoniales y enfrentamientos bélicos, los mixtecos comenzaron a dominar los lugares donde antes se habían establecido los zapotecos

Sala V. Contacto y Conquista (siglo XVI)

La conquista de Oaxaca se inició en 1519 por el norte del estado (Tuxtepec) y se extendió a la Costa (Tututepec), algunos pueblos establecieron alianzas, otros fueron sometidos por las armas, y algunos, como los guerreros mixes, no sucumbieron.

Cuando se inició la empresa colonizadora, los indígenas fueron explotados, mediante el trabajo y los tributos, pese a las leyes de protección emitidas por la Corona ; los españoles introdujeron el ganado y las aves de corral, diversas plantas, semillas y herramientas. Las armas, pero sobre todo las epidemias, que provocarían una gran mortandad entre los habitantes prehispánicos.

Sala VI. Conquista espiritual del pasado (siglos XVI al XVII)

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Donde fracasaron las armas triunfaron los frailes en la conquista de los nativos; sin embargo, la evangelización no consiguió el exterminio de las creencias y rituales locales, perseguidos como idólatras. Si bien la población nativa se convirtió al catolicismo, no abandonó antiguas prácticas rituales ni sus ceremonias y siguieron creyendo en su propio orden cósmico. Los frailes jugaron un papel fundamental en la escritura de las lenguas autóctonas, las aprendieron y se preocuparon por escribirlas. A su vez, los indígenas pintaron en códice los recuerdos de su pasado para conservar la memoria de linderos y dinastías.

Sala VII: Respuestas indígenas (siglos XVI al XVIII)

Aunque su cultura fue minada en su raíz, la mayoría de los antiguos oaxaqueños no renunciaron a su ser diferente y milenario; constituyeron el grueso de la población durante la época virreinal y paralelamente a su resistencia, oculta o abierta, asimilaron varios elementos de la cultura hispana: materias (como el trigo, la seda y el ganado), tecnologías (como la yunta y el arado, la escritura o las armas) e instituciones (como el municipio, las cofradías y las fiestas patronales) que enriquecieron y diversificaron aún mas su cultura.

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Sala VIII: Materia y espíritu (siglos XVI al XVIII)

La compleja estratificación de la sociedad virreinal motivó que, de manera similar a la época prehispánica, las élites dominantes desarrollaran conocimientos especializados; algunos los asimilaron los indígenas; por ejemplo, la música de metales y la construcción y ornato de templos, así como otros aspectos de las bellas artes. Por su parte, los pueblos autóctonos, organizados en repúblicas, aportaban trabajo para la reproducción material y espiritual del Virreinato. La interrelación entre los diversos grupos "indígenas, españoles, criollos, mestizos y negros" se reflejó en un profundo mestizaje, característica que se reprodujo en todo el territorio novohispano.

Sala IX. Surgimiento de la nueva nación (fines del siglo XVIII - mediados del XIX)

La Corona española impuso a sus territorios, en 1760, reformas que provocaron serios descontentos entre ricos y pobres, criollos, mestizos e indígenas. Las reformas se conjugaron con varias crisis agrícolas a principios del siglo XIX, y ello contribuyó a la rebelión que reclamó Independizarse de España. José María Morelos y Pavón llegó a Oaxaca el 25 de noviembre de 1812, y el Movimiento Insurgente triunfaría el 31 de julio de 1821, con la entrada a la capital del estado del general Antonio León. Cuatro años después se publicaría la primera Constitución Política del Estado Libre de Oaxaca. La nación vivió durante décadas un periodo convulsivo de guerras que repercutió en la entidad y en el que el principal protagonista nacional fue un oaxaqueño: don Benito Juárez.

Sala X. Orden y progreso (1876-1911)

El Porfiriato es el periodo de despegue económico de la nación. Oaxaca se comunicó con el centro del país por ferrocarril y expandió su red interna; se introdujeron cultivos comerciales, como el café, que desplazarían a la agricultura indígena en grandes zonas y propiciarían una nueva estructura de poder: el cacicazgo. El despojo legal de tierras de las comunidades generó el latifundismo.

Los oaxaqueños Enrique y Ricardo Flores Magón generarían un movimiento libertario que intentó varias veces una revolución que buscaba derrocar a Porfirio Díaz y mejorar las condiciones de vida de la población.

Sala XI. Imágenes del siglo XX

Esta sala ilustra la intensa historia del presente siglo; muestra algunos resultados de la Revolución en Oaxaca y la modernización. También ofrece un panorama de los avances tecnológicos a los que ha tenido acceso la sociedad oaxaqueña en cuanto a medios de comunicación.

Sala XII. La vida comunal indígena (contemporánea)

Hoy en Oaxaca habitan quince grupos etnolingüísticos. En 1995 se censó a más de un millón de hablantes de alguna lengua autóctona, cifra inferior al número real de indígenas existentes. Cada grupo tiene variantes dialectales por las que, a pesar de ser del mismo grupo, en ocasiones no se entienden. Por ejemplo, la lengua zapoteca tiene más de 20 variantes, la mazateca, doce, la mixe, cuatro.

A los pueblos indígenas los caracteriza su vida comunal; organizan su existencia en torno a las decisiones de la Asamblea Comunitaria y el poder se estructura mediante un sistema de cargos cívicos y religiosos. Están institucionalizados el tequio (trabajo comunitario) y la ayuda intrafamiliar. Esta sala presenta también algunos aspectos de los conocimientos tradicionales y prácticas indígenas. Su complemento didáctico son las salas interactivas.

Sala XIII. Rehaciendo el círculo comunitario (contemporánea)

En Oaxaca, donde los grupos indígenas ya no son mayoría en el terreno lingüístico, pero sí tienen gran presencia en el plano cultura, sus demandas produjeron recientemente que el Gobierno del estado les reconociera derechos a través de una serie de reformas legales: la Constitución Política estatal vigente reconoce la composición étnica y plural del estado, de forma que promueve su acervo cultural y el desarrollo de formas específicas de organización social; el derecho a la educación bilingüe intercultural y el respeto a la comunidad como forma de vida; y el derecho a la elección de sus autoridades municipales por el sistema tradicional, y actualmente hay un rico debate sobre el derecho a la autonomía.

Esta sala, y en general el museo, le proporciona a los visitantes datos que les ayudarían a comprender la dinámica de los pueblos indígenas, su herencia prehispánica y su milenaria cultura.

Sala XIV. Santo Domingo: historia y hallazgos (siglos XVI-XX)

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Las tareas de investigación y evangelización de los dominicos en Oaxaca las representan facsimilares de la Palastra historial y Geográfica descripción del padre Francisco de Burgoa, El arte en la lengua zapoteca de fray Juan de Córdova y el Vocabulario en lengua mixteca. La orden enseñó a los indígenas las técnicas del hilado y la fabricación mecánica de telas, así como la manufactura de cerámicas vidriadas. Hoy todavía en uso. En la sala se presentan aspectos de la vida de los frailes, incluyendo objetos de uso doméstico, y se muestran los trabajos realizados durante la reciente restauración del ex Convento. También se exhiben algunos de los hallazgos realizados durante el proceso de investigación arqueológica, y se ilustran los distintos momentos y procesos de restauración del inmueble.

Salas Interactivas

Entre las salas V y VII hay trece pequeñas salas "antiguas celdas de novicios" en las que se presentan objetos e información sobre la vida de las culturas oaxaqueñas:

a) la grana y otros tintes;

b) textiles;

c) cerámica;

d) orfebrería;

e) tallas y esculturas;

f) hojalata, herrería y cuchillería;

g) talabartería y cerería;

h) música; i) medicina tradicional;

j) la plástica;

k) gastronomía;

l) producción de bebidas;

m) los ciclos de vida; están concebidas como espacios interactivos en los que se pueden tocar algunos elementos y obtener información apoyada por tecnología multimedia.

La rica historia de la Orden y su Convento

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Este conjunto arquitectónico fue construido entre los siglos XVI y XVII en un área original de 24 lotes, ampliada mediante adquisiciones hasta alcanzar más de 40 mil metros cuadrados. En 1552 se iniciaron los trabajos de construcción que se prolongaron hasta mediados del siglo siguiente.

Pese a no estar terminado, fue habitado por los frailes a partir de 1608 ante el derrumbe por sismo del Convento de San Pablo.

Fray Gonzalo Lucero y fray Bernardino de Minaya fueron los primeros dominicos que llegaron a Oaxaca en 1529. La orden creció y en 1543 tuvo a su primer vicario. Santo Domingo fue el primer centro de la vasta tarea evangelizadora dominica en todo el estado, cuya labor se desarrolló en constantes pugnas con la diócesis y varios obispos.

Entre 1608 y 1857 el Convento funcionó como tal; fue sede de la provincia de San Hipólito Mártir. A partir de la Independencia diversas tropas se acuartelaron ocasionalmente en él. A raíz de las Leyes de Reforma los dominicos tuvieron que dejar el inmueble y lo ocuparon definitivamente las fuerzas armadas. Por ello el Templo permaneció cerrado al culto desde 1866 hasta 1902; se le usó como caballería por lo que hacia 1869 sus ricos retablos fueron saqueados y destruidos.

A fines del siglo XIX el Clero logró la devolución del Templo y su Convento, siendo reabierto y consagrado al culto el 2 de enero de 1902. Poco después, en 1905, lograron la devolución del patio de la sacristía a cambio de la construcción del cuartel de caballería, costeada por el obispo Gillow. Los dominicos, que no tenían buenas relaciones con él, tendrían que esperar hasta 1938 para recuperar la administración del Templo.

El Ejército Mexicano ocupó el ex Convento desde 1860 hasta 1994, aunque algunas partes fueron paulatinamente recuperadas ya entrado el siglo XX, la mitad del Convento (el claustro central y el patio de servicios) fue cedido a la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca; posteriormente, el 19 de diciembre de 1972, se creó el Museo Regional de Oaxaca, a cargo del INAH.

En 1993, por acuerdo de la Presidencia de la República , y a petición del Gobierno y la ciudadanía de Oaxaca, la Secretaría de la Defensa Nacional entregó el inmueble para destinarlo a fines culturales. Poco después comenzaron los trabajos de ampliación y restauración del Museo, así como la creación de Jardín Etnobotánico. La reapertura de este maravilloso espacio inaugura una nueva época del ex Convento.

El Conjunto Cultural de Santo Domingo hoy Templo de Santo Domingo de Guzmán está a cargo de los dominicos y se mantiene abierto al culto, por respeto existen las siguientes restricciones en su visita: no pasear durante los actos litúrgicos, guardar silencio, no comer ni fumar, no tocar la decoración, no tomar fotografías con flash y vestir con el torso cubierto.

Datos generales.

El museo está abierto al público de martes a domingo de 10:00 a 20:00 horas. Los lunes y los días festivos permanece cerrado para realizar tareas de mantenimiento. Los domingos la entrada es libre, el resto de la semana el acceso es gratuito a menores de 13 años y a estudiantes y maestros con credencial, discapacitados y personas con credencial del Instituto Nacional de la Senectud (Insen).

Para el Conjunto Cultural Santo Domingo, el horario de visita es de 9:30 a 13:00 y de 16:30 a 19:00 horas. El templo está cerrado de 13:00 a 16:00 horas. Teléfonos 516 37 20 y 514 61 84.

La Hemeroteca Pública de Oaxaca Néstor Sánchez ofrece atención gratuita al público de 9:00 a 20:00 horas en horario corrido de lunes a viernes; los sábados es de 9:00 a 17:00 horas y los domingos de 9:30 a 15:30 horas. Cuenta con servicio de fotocopiado. Su teléfono es 516 67 14 y 514 02 39, extensión 108. La entrada es por la esquina de las calles Reforma y Constitución.

Servicios que se ofrecen

En el Museo de las Culturas de Oaxaca, las oficinas, áreas de servicios educativos y de depósito de colecciones se encuentran en el interior del museo, así como un área de control de los equipos de seguridad. Teléfono (951) 516 29 91. Cuenta además con áreas de usos múltiples y auditorio para la realización de exposiciones y eventos culturales y con asesores educativos, así como visitas guiadas para grupos de estudiantes, librería, restaurante y áreas de descanso.

No se permite la introducción de alimentos ni bebidas, ni el uso de flash al tomar fotografías. La introducción de cámaras convencionales de video debe registrarse y tiene que cubrirse una cuota; las grabaciones profesionales con fines comerciales o culturales requieren de un permiso y el pago de derechos correspondientes.

Planta baja. Oficinas administrativas, servicios educativos, depósito de colecciones, salas de usos múltiples y exposiciones temporales, auditorio y la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, los sanitarios, el restaurante y la librería.

Planta Alta. En ella se encuentran las catorce salas de exposiciones permanentes y trece pequeñas salas temáticas interactivas en el área de las celdas del noviciado.

En el Conjunto Cultural de Santo Domingo hoy; para el uso de cámaras de video y mayor información dirigirse a la oficina del padre prior que está a espaldas del altar y la entrada es por el jardín anexo al sur.

La hemeroteca pública cuenta con servicio de fotocopiado.

Ubicación:

El Centro Cultural Santo Domingo se encuentra a 6 cuadras al norte de la Plaza Central (Zócalo) de la ciudad de Oaxaca. Entre las calles Macedonio Alcalá, Berriozábal, Gurrión y Reforma.

Costo: $ 51.00 pesos domingos y días festivos la entrada es gratuita sólo para nacionales .(mostrando credencial de elector)

Horario: martes a domingo, de 10:00 a 18:15 Hrs.

Restricciones: CAMARA DE VIDEO $35.00 PESOS, CAMARA FOGRAFICA NO HAY COSTO, NO USAR EL FLASH EN EL INTERIOR DEL MUSEO.

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